Los jugadores ecuatorianos en el extranjero siguen haciendo ruido: Willian Pacho fue coreado por la hinchada parisina antes de una final de Champions con sabor tricolor.
El fútbol ecuatoriano vive uno de esos momentos que se sienten en la piel. No todos los días un defensor tricolor se gana el respeto de una hinchada gigante como la del PSG, y mucho menos en la antesala de una final de Champions League. Pero Willian Pacho no está escribiendo una historia cualquiera: está construyendo una página dorada para los jugadores ecuatorianos en el extranjero.
Willian Pacho, ovacionado por la hinchada del PSG
Durante la jornada abierta del Paris Saint-Germain, miles de aficionados se dieron cita para respaldar al equipo antes de la final de la UEFA Champions League ante Arsenal, programada para el sábado 30 de mayo de 2026 en Budapest. En medio de ese ambiente eléctrico, el grito de “Pacho, Pacho” bajó desde las gradas como una declaración de cariño y respeto.
Para un jugador que llegó en silencio, con perfil serio y trabajo constante, esta ovación pesa muchísimo. Pacho se ha convertido en una pieza importante dentro del esquema de Luis Enrique, un técnico que exige lectura, intensidad y personalidad para defender lejos del arco. Y el ecuatoriano ha respondido con una madurez que sorprende incluso a quienes ya confiaban en su talento.
Un presente que emociona al Ecuador
La actualidad del fútbol ecuatoriano tiene en Pacho uno de sus nombres más potentes. El zaguero de Esmeraldas no solo compite en la élite: también se ganó un lugar emocional en una afición acostumbrada a ver estrellas mundiales. Eso habla de jerarquía, pero también de carácter.
Además, el duelo ante Arsenal tendrá un condimento especial para Ecuador, porque Piero Hincapié también llega a esta final con el club inglés. Será una cita histórica para el país y una vitrina enorme para dos defensores formados en una generación que ya no mira Europa desde lejos: la desafía de frente.
El impacto de Willian Pacho en los triunfos del fútbol ecuatoriano
Pacho representa algo más que una buena temporada. Es la prueba de que los triunfos del fútbol ecuatoriano también pueden construirse desde la defensa, con oficio, temple y regularidad. Su ovación no fue casualidad: fue el premio a una campaña seria.




















